viernes, 20 de mayo de 2016

Azar

Seguramente el azar
me dio esta nariz con la que te huelo.
Esta gigantesca nariz que me cuelga
de las cuencas vacías y secas.
Esta monstruosa nariz de sabueso
que atemoriza a todos los niños que no comen
y huelen los pasteles y los muñones en las ventanas,
las tartas y las alcantarillas en las casas.
Esta nariz mía, arrancada de la tuya,
es una bendición del azar para que huela el agua,
el suelo y las aceras. La madera,
las bragas, el fuego y las fresas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario